A sangre y fuego: Sarajevo Pain, de Fidel Martínez

Sarajevo Pain, de Fidel Martínez, cuenta el asedio al que se sometió dicha ciudad durante unos cuatro años a través de varios personajes que reflejan distintos aspectos de dicho cerco, aunque también profundiza, de forma brillante, en las causas que llevan a la ruptura brutal de las diferentes culturas que formaban parte de Yugoslavia y los personajes históricos más representativos de esta. En otras palabras, cuenta la historia de un pueblo para contar la historia del mundo, ya que como uno de los personajes históricos afirman; “todas las guerras son la misma guerra”, por lo que es una novela gráfica que se mueve en dos campos narrativos complementarios: el de la construcción mitológica e histórica de una nación y el de las inmensas miserias a las que se enfrentan cada día los habitantes de la ciudad. Sarajevo pain nos valdrá, dice el autor, «para visitar una ciudad que sucumbió al desamparo más absoluto para recordarles, mientras realizan esa visita, el peligro que entrañan ciertos relatos históricos y mitológicos, pero, sobre todo, el valor que tiene la libertad».

viñeta de Sarajevo Pain

Como hemos dicho, a partir de varios personajes (Amir, YuKa, Anja, el francotirador, el pintor, Zelja), se narran las vicisitudes cotidianas, las pequeñas victorias y las grandes derrotas a las que han de enfrentarse, diariamente, los habitantes de una ciudad totalmente sitiada, derruida, símbolo de un esplendor que ya no existe, de una ciudad que no es, en esta novela gráfica, más que sinónimo de la pérdida, de la desilusión, de la desesperanza, del dolor, en suma, de una tragedia llevada a su límite más vergonzoso, con la complicidad de Europa. El mismo Fidel Martínez presenta así a los personajes de esta historia: «Un francotirador que tiene atemorizada a la población; Zelja, una joven que debe hacer frente a la pérdida de su pareja, que ha muerto durante una confrontación armada; Amir, que es un niño que intenta buscar refugio a la trágica realidad que le rodea a través de los cómics y de la compañía de su amiga Almira; Anja, que es una víctima de la guerra, que contempla el conflicto desde la privilegiada e inusual perspectiva que le otorga la muerte y, por último, un pintor anónimo cuya máxima pretensión es realizar una pintura que denuncie la relación que siempre se ha producido entre la guerra, el poder y la belleza».

No deja de ser poético, de todas formas, que el único personaje, aunque también ya manchado de un simbolismo enfermizo, que ofrece algo de esperanza sea el de Amir, ese niño que es absolutamente feliz cuando se refugia en los cómics, mostrando así el autor la capacidad regenerativa y liberadora del arte incluso en las circunstancias más adversas.  “Lo que trato de hacer es invitar al lector a convivir con esos personajes y con todas las personas que, durante casi media década, tuvieron que vivir ese angustioso cerco”, afirma el creador. Un cerco que queda magistralmente reflejado en la figura del francotirador, espejo de la incertidumbre que debió asolar durante todo ese tiempo a una población atemorizada, espejo, asimismo, de una muerte implacable e inexorable que acecha a los personajes de esta historia.

viñeta sarajevo pain

 

LA MIRADA AL ABISMO

Otro de los grandes aciertos de la novela gráfica “Sarajevo Pain”, es mostrar cómo la simbología que sirve para construir un relato mitológico e histórico que se emplea para construir una nación puede ser usada para destruir por completo las ilusiones más pequeñas de cualquier ciudadano cuya única expectativa es vivir, sin más, cada día, de la forma más digna posible, y aferrarse, así, a los objetos más insignificantes, símbolos de una felicidad que se ha perdido irremediablemente. La diferencia entre el relato simbólico y el cotidiano se muestra, de forma muy certera, al plantear unas viñetas con unos trazos muy diferentes en ambos casos. Unos trazos magistrales que le sirven al autor también para presentar una paleta de sentimientos asociados al temor, a la soledad, a la pérdida, es decir, los grandes temas de un arte enormemente comprometido, como dice el pintor en las primeras viñetas o unos trazos difusos y grises que se emplean, de forma certera, para contar la pérdida de la pareja, muerto en el campo de batalla, a la que se ve sometida una de las protagonistas. Como señala Álvaro Pons, “Fidel Martínez es un camaleón gráfico que se mueve en la radicalidad del blanco y negro brecciano, pero emulando a Pratt, Raymond o Christiansen para buscar las raíces del conflicto en una visión deformada del pasado”.

Fidel Martínez, autor Sarajevo Pain

En definitiva, una novela gráfica magnífica que refleja de forma magistral el horror humano, de trazos e imágenes expresionistas, que va regando de sombras un mundo cada vez más fantasmagórico y sombrío, con un blanco y negro que permite crear una atmósfera claustrofóbica que funciona perfectamente como metáfora del asedio al que se vio sometida Sarajevo durante cuatro años; con una caracterización brillante de unos personajes absolutamente perdidos e indefensos en una Sarajevo desolada, que es también otra de las grandes protagonistas del cómic y que sirve al autor para mostrar los horrores que cometen los seres humanos en función de unos símbolos y mitos que, en muchos momentos, los devoran por completo, como se puede apreciar en las páginas iniciales, en las que, como dice el creador,  “se muestra la relación que se ha establecido entre guerra, poder y belleza”; con una documentación ingente para el desarrollo de la historia que otorga gran verosimilitud a una historia que cuenta, de forma pesimista, la capacidad de destrucción que los seres humanos podemos contener. Una obra durísima, pesimista, oscura, que consagra a Fidel Martínez como uno de los grandes creadores del noveno arte en nuestro país.

Por José Manuel Hinojosa Torres

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