El gobierno de la convivencia

El pacto PSOE y Podemos

A modo de decálogo, como es habitual en este blog, presentamos algunos de los aspectos más relevantes de la exitosa investidura de Pedro Sánchez como presidente del primer Gobierno de coalición desde la Segunda República:

1.- Si somos pesimistas, optaremos por considerar este Gobierno un galimatías, formado por dos partidos cuyos dirigentes apenas se soportan, y apoyado por una amalgama de fuerzas políticas con intereses dispares y hasta contrapuestos. Si somos pesimistas, este Gobierno no superará el gran escollo de los presupuestos, y vuelta a empezar con la inestabilidad y el deterioro de las instituciones.

2.- Si somos optimistas, pensaremos que este es el Gobierno con mayor legitimidad ideológica de nuestra historia reciente, ya que engloba a la práctica totalidad de las corrientes progresistas, y recibe apoyos externos del conservadurismo vasco, del independentismo de izquierdas y de diversos partidos regionalistas. Vaciado el centro, solamente queda fuera de la ecuación la derecha extrema, y eso no puede ser más que una excelente noticia para cualquier democracia.

3.- Si somos realistas, deberíamos tener en cuenta que, al igual que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han convertido la necesidad en virtud para forjar su pacto, también puede salir algo positivo de la obligación de contar con tan diferentes actores políticos para hacer avanzar la legislatura. Por poner un solo ejemplo, el diálogo se ha iniciado en Cataluña gracias a que se requería del concurso de ERC para la investidura. De otro modo, el conflicto seguiría enquistado y con los contendientes enrabietados, cada uno en su esquina del cuadrilátero.

4.- Durante 4 años, desde las elecciones generales de diciembre de 2015, hemos caminado por un terreno muy peligroso, donde lo nuevo no terminaba de nacer y lo viejo no terminaba de morir. La democracia española ha sufrido mucho por causa de esta incertidumbre, sufrimiento que se añadía al empobrecimiento derivado de la crisis económica iniciada en 2008. Del cual, dicho sea de paso, la política institucional no se ha ocupado en absoluto, enfrascada como estaba en debates identitarios y peleas partidistas.

5.- En este periodo tan convulso que parece quedar al fin superado con la investidura de Pedro Sánchez, ha existido una pulsión muy fuerte por evitar que las aspiraciones de cambio surgidas con el 15M pudieran traducirse en políticas públicas. Que lo nuevo no terminase de nacer implicaba apartar del poder a toda costa a Podemos, y para ello se han empleado a fondo los grandes entramados empresariales y mediáticos, incluyendo las prácticas policiales mafiosas conocidas como “cloacas del Estado”.

6.- A nivel de superficie, parte de esa trama provocó una guerra interna en el PSOE para dinamitar el liderazgo de Pedro Sánchez. No conviene olvidarlo: lo que acaba de conseguir ahora el flamante presidente del Gobierno ya quiso ponerlo en práctica en 2016, y a causa de ello fue defenestrado por su propio partido. Tuvo que ganar nuevamente las primarias, contra todo pronóstico, para empezar de nuevo.

7.- En varios momentos de su contradictoria carrera política, el propio Pedro Sánchez ha sido partícipe del mencionado complot para apartar a Podemos del gobierno central: su primera opción fue siempre pactar con Ciudadanos, un partido impulsado precisamente para eso, para servir de bisagra al bipartidismo y que lo viejo no terminase nunca de morir.

8.- La ambición desmedida de algunos políticos escapa a veces al mejor diseño previsto por las élites, y lo desbarata. Gracias al empeño suicida de Albert Rivera por tratar de superar al PP adelantándolo por la derecha, Ciudadanos se ha desmoronado en el Congreso. Su irrelevancia ha permitido el pacto entre PSOE y Podemos, convertido en la única opción posible. Y el nexo definitivo de esta unión es el miedo a la ultraderecha: el nuevo gobierno, aunque no se verbalice en las ruedas de prensa, nace con la vocación de ser, sobre todo, un gobierno antifascista.

9.- El peaje a pagar por dejar para 2020 lo que pudo hacerse en 2016 es muy alto: por una parte, Cataluña se ha incendiado, literalmente; por otra, la ultraderecha ha entrado con fuerza en el Parlamento y, lo que es peor, marca la agenda de sus compañeros de viaje. Es evidente que en España no hay tantos millones de machistas, xenófobos y nacionalcatólicos como votantes suman PP, Vox y Ciudadanos. Pero si no surge nadie entre ellos que imponga la sensatez necesaria para volver al centro político, el ejército del odio seguirá sumando nuevos reclutas.

10.- Para terminar, un contraste de actitudes durante la investidura: Ana Oramas, la única diputada de Coalición Canaria, desobedeció el acuerdo tomado por su partido y votó en contra de Pedro Sánchez, en lugar de abstenerse. Vino a decir que lo hacía por el bien de España, esa entelequia, olvidándose del bien de sus propios votantes. Por otro lado, la diputada de ERC Montserrat Bassa afirmó con palabras incendiarias que le importa un comino la gobernabilidad de España, y sin embargo se abstuvo, al igual que el resto de su partido. Ella jamás lo habría admitido en su discurso, pero lo cierto es que lo hicieron por el bien de la convivencia entre españoles. Casi nada.

Por Agustín L. de la Cruz

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